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La estructura de dominación hoy y los límites de la democracia - Slavoj Žižek

 

La estructura de dominación hoy y los límites de la democracia

Slavoj Žižek / 25.11.2003

 

No solamente le estoy agradecido a los organizadores sino sobre todo a ustedes por haber venido, porque para mi no son señores, sino compañeros.

 

Quisiera comenzar con una cita de un discurso reciente del presidente Bush, que no es mi presidente: 

 

"La libertad no es el regalo de América a las naciones, sino que es el regalo de Dios a la humanidad". 

 

Esta posición puede parecer modesta por el hecho de que no privilegia a los EEUU, por el contrario, yo pienso que es muy peligrosa. Pero ¿por qué? Porque si la libertad fuera sólo un regalo de los EEUU a las demás naciones, las cosas serían mucho más fáciles, puesto que los que se oponen a los EEUU se estarían oponiendo a un simple Estado-nación. Por el contrario, si la libertad es un regalo de Dios a la humanidad, y los EEUU se perciben como el distribuidor privilegiado de esta libertad en el mundo, entonces los que se oponen a los EEUU simplemente se están oponiendo al regalo más noble que le hizo Dios a la humanidad y por lo tanto, quienes están en contra de Bush, están en contra de Dios. Y esto es alrededor de lo cual giró toda la guerra de Irak. De hecho en un libro de dos neoconservadores norteamericanos recientes, William Cristol y Lorenz Edkaplan, ellos escriben: 

 

"la misión comenzó en Bagdad pero no finaliza ahí, estamos en el umbral de una nueva historia, de una nueva era histórica, este es un momento decisivo, se trata de mucho más que Irak, se trata incluso de mucho más que el futuro de Oriente medio y la guerra contra el terrorismo. Lo que está en juego aquí es cuál será el papel que jugará EEUU en el Siglo XXI". 

 

Y ciertamente coincido con esa mirada, la guerra de Irak no giró ni en torno al petróleo, ni a Irak, sino que giro en torno a imponer la visión de los EEUU en el nuevo orden mundial. Permítanme ser claro en este punto. Mucha gente se queja de que los EEUU pretenden jugar el papel de policía mundial, y mucha gente reprocha a los EEUU que no se comportan como un simple Estado-nación, sino como un imperio. Creo que el problema se plantea en los términos inversos: que los EEUU no son un imperio global, es decir, actúan globalmente pero como un Estado-nación. Tal vez ustedes recuerdan la antigua consigna de otros tiempos de los ecologistas que era: "hay que pensar globalmente y actuar localmente". Creo que los EEUU hacen todo lo contrario, actúan globalmente y piensan localmente. Permítanme dar dos simples ejemplos. En la ex Yugoslavia, en una parte de la ex Yugoslavia, en Serbia, el gobierno norteamericano esta ejerciendo una terrible presión sobre el gobierno serbio para que se extradite a los criminales de guerra al tribunal de La Haya. Y al mismo tiempo, esos mismos diplomáticos norteamericanos están presionando al gobierno serbio para que firme un tratado bilateral, por medio del cual, se comprometan a no extraditar americanos o no entregarlos a la corte de La Haya. Y esta misma lógica de buscar un funcionamiento global para poder seguir pensando en términos de Estado-nación también se da en la política económica de los EEUU. ¿Qué es lo que está mal aquí?

 

Quisiera hacer una breve referencia al ex ministro irakí de la información, Muhamed Saharafahad, creo que todos lo recordarán porque todos nos reímos mucho con sus comentarios durante la guerra. Pero una vez dijo la pura verdad y esto fue cuando le preguntaron si era verdadero, cierto, que los norteamericanos ya estaban controlando el aeropuerto de Bagdad y el dijo: "no, no es cierto porque ni siquiera se controlan a si mismos". Ahora bien, ¿cuál es esa dimensión que los norteamericanos no controlan? En marzo de 2003 el Ministro de Defensa de EEUU se involucró en uno de los debates que tanto le gustan, en el marco de una conferencia de prensa. Este debate que suscitó Rumsfeld giraba en torno a lo conocido y lo desconocido. Y esta es la cita de Rumsfeld:

 

"Como sabemos, hay cosas conocidas conocidas, que sabemos que sabemos. Por ejemplo, sabíamos en ese momento que Saddam Hussein era en ese momento presidente de Irak. -sigo con la cita-  También hay desconocidos conocidos, es decir, cosas que sabemos que no sabemos. Por ejemplo, mi interpretación es: no sabemos cuantas armas de destrucción masiva tiene Irak".

 

Mi comentario es que, en realidad, no es que nosotros sepamos ahora que no había armas de destrucción masiva, sino que más bien, los EEUU lo sabían desde un principio, sabían que no lo sabían desde un principio. Un diplomático de EEUU recientemente me dio la clave. Y es que si los EEUU hubiesen estado seguros de que habían armas de destrucción masiva en Irak, nunca jamás habrían avanzado en el ataque por tierra, habrían tenido que contar con demasiadas víctimas, y esta es la prueba de que ellos sabían que no había armas de ese tipo en Irak. Y vuelvo a la cita de Rumsfeld. Tenemos ahora la sutileza filosófica de Rumsfeld porque plantea en esa cita que:

 

"también hay cosas desconocidas desconocidas: las que no sabemos que no sabemos. Por ejemplo, el hecho de que Saddam tuviera alguna sorpresa tan terrible, que ni siquiera nos podríamos imaginar de que tipo podría ser esa sorpresa".

 

-Irónicamente- y aquí nos encontramos con el límite del debate filosófico norteamericano, porque Rumsfeld se detuvo en este punto. Como ustedes se habrán dado cuenta hay cuatro posibilidades, y él sólo menciono tres. Mencionó cosas conocidas conocidas -sabemos que las sabemos-; cosas conocidas desconocidas -sabemos que no las sabemos-; y las cosas desconocidas desconocidas -no sabemos que no las sabemos-. La tópica freudiana del inconsciente es precisamente esta cuarta posibilidad: cosas que no sabemos que sí sabemos. Es decir, las fantasías, los juicios inconscientes de los cuales no somos concientes, pero controlan y determinan nuestra acción. Y es en este nivel que opera hoy en día la ideología. Ustedes habrán escuchado este discurso que habla del fin de las ideologías, que vivimos en una era pragmática, posideológica.

 

Pero aquí podemos aprender una lección que nos enseñó la teoría marxista en el fetichismo de la mercancía. Para Marx este fetichismo no se da en lo que nosotros pensamos, sino en la manera en la que actuamos. Por ejemplo, todos sabemos que no hay nada mágico en el dinero, que es sólo un pedazo de papel que te da acceso a una porción del PIB. Pero el fetichismo se da en la manera en que interactuamos en el mercado, y ahí nos comportamos como si creyéramos en la magia. Nunca más que ahora es acertado el descubrimiento de Freud, que no plantea la tópica en el sentido de que tenemos una conciencia oficial y una creencia reprimida que puede salir a luz, sino que por el contrario, nosotros nos creemos personas ilustradas no creyentes, iluministas; pero nos comportamos como si creyéramos en la magia. Tomemos por ejemplo a los racistas liberales que encontramos en todos lados en Internet. Oficialmente ustedes no saben que son racistas porque respetan al otro, etc. Por ejemplo, cada vez que me encuentro con uno de esos académicos norteamericanos muy políticamente correctos, cuando veo como se comportan con personas de otra raza no puedo dejar de percibir que se relacionan con mucha tensión, y que en realidad su sentimiento inconsciente es racista. Les voy a dar un ejemplo muy ordinario extraído de uno de mis libros. Me impactó mucho las diferencias de estructura que había en la estructura de los baños en Alemania, en Francia y en EEUU. Como probablemente sepan ustedes, en Francia el agujero por el cual desaparecen los excrementos esta allí detrás, como para que desaparezca lo más rápidamente de la visión. En los antiguos baños alemanes se constata un viejo ritual alemán, que el agujero de los inodoros está adelante, como para que uno no solamente pueda oler los excrementos, sino que de paso, pueda hacerse un control de salud y demás... Los inodoros norteamericanos están llenos de agua, como para que los excrementos floten por ahí. Yo he leído tres libros sobre la comprensión de los inodoros. Es increíble como no se puede encontrar una justificación para estas diferencias. Todos tratan de argumentar de manera instrumental, cuál es más práctico y demás, pero mi lectura aquí es de corte mucho más ideológico. Desde fines del Siglo XVIII se presenta esta idea de la trinidad espiritual europea. Se da el tema de la economía inglesa, la política francesa, y la metafísica y poesía alemanas. Pero acaso, ¿no encontramos justamente eso en la estructura de los inodoros?. El enfoque francés es revolucionario -el agujero allá atrás debería desaparecer y ser liquidado lo más rápido posible-. El estilo anglosajón es práctico, económico: agua y demás. El estilo alemán, con lo que refleja, tienen una actitud poética. Si bien esta lectura ha sido un poco rápida, tómenlo en cuenta cuando tengan una clase magistral y alguien les hable del fin de las ideologías, piensen que apenas termina la clase y esa persona va al baño, ingresa en la ideología...

 

A lo que voy es que -aún un objeto tan simple como un inodoro-, no puede ser explicado en términos tan simples y básicos, involucra todo una serie de creencias fundamentales subyacentes y esenciales. Incluso, si tomamos los alimentos, hoy esta muy de moda en los países desarrollados comprar lo que se ha dado en llamar "alimentos orgánicos". Pero la gran mayoría de la gente que compra ese tipo de alimentos, no creo que realmente los compre porque está convencida de que son saludables, sino porque más bien quieren hacerlo como un acto simbólico, en el sentido de que son concientes de su salud. Así que, a diferencia de aquellos que afirman que hoy en día no creemos, yo afirmo lo contrario, que creemos más que nunca. Simplemente nos gusta creer desde y a través de la distancia. Por ejemplo, ¿por qué se ha vuelto tan popular el término cultura hoy en día, por qué se habla de estudios culturales, por qué todo lleva el prefijo o el agregado de cultura? Yo creo que hoy en día, cultura significa algo muy preciso. Todas aquellas prácticas religiosas, ideológicas y demás las practicamos, valga la redundancia, pero tratamos de actuar como si no creyéramos en ellas. Si ustedes realmente creen en la magia, eso es religión. Si por otra parte ponen el árbol de Navidad, lo arman para los chicos y demás, eso es cultura. Casi todos mis amigos judíos me dicen siempre: "yo no creo en eso, simplemente lo respeto por ser un tema de tradición, todo ese tema de la cultura kosher..." Creo que fue por eso que todo el público occidental tan esclarecido, realmente sufrió un shock demasiado grande cuando -se acuerdan hace tres años- en Afganistán dos talibanes bombardearon las famosas estatuas budistas. Yo creo que en realidad lo que les impactó no fue el hecho de que se cometiera esta barbaridad, este acto realmente barbárico. En realidad el Shock -para mí- fue que en realidad esa gente quedó impactada con el hecho de que hubiera gente que no tratara a estos monumentos como monumentos religiosos. Y resulta que a esta gente, que en realidad lo que hace es tomar en serio sus creencias y prácticas, los terminamos llamando fundamentalistas bárbaros. Y aquí el estado o la condición de la creencia es crucial.

 

Yo creo que en realidad los creyentes ingenuos somos nosotros mismos, los supuestamente esclarecidos creyentes occidentales. Por ejemplo, como ustedes sabrán, el error de los antropólogos fue que tomaban las creencias primitivas o de las que se tratasen de una manera estrictamente literal. Por ejemplo, el caso en el que se encontraban a una tribu que explicaba el origen de todo a través de un pájaro. Pero un estudio histórico ya muestra que esto no era así. Por ejemplo P. Veyne, el famoso historiador francés en su libro, ¿Los antiguos griegos realmente creían en sus mitos? demuestra que en realidad ellos no creían sinceramente que si uno iba a la cima del monte Olimpo se iba a encontrar con Dios ahí arriba. Y yo creo que si hay alguien que toma las creencias demasiado literalmente somos nosotros mismos. Por ejemplo, la mayoría de la gente religiosa que yo conozco, si yo les digo: "bueno, a ver un momento, ¿pero ustedes realmente creen que allá arriba hay un señor sabio, etc., etc.?", me van a decir que no están del todo seguros, pero sí es importante que los chicos, que sus hijos crean en eso. Siempre esto se justifica a través de la necesidad de que otros crean. Lo mismo pasa con los regalos de Navidad. Los adultos van a decir: "nosotros no creemos en esto, pero hacemos como que creemos para nuestros chicos". Por supuesto, si les preguntan a los chicos, ellos también van a decir que no creen, pero que lo hacen por sus padres. Y lo interesante es que el sistema de creencias funciona perfectamente, aunque nadie crea, sino simule creer por la existencia de ese otro ante el cual quieren fingir que creen. Esto se aplica a otro tipo de sensaciones, de sentimientos, no solamente a las creencias, sino también a expresiones tan auténticas como la risa, el llanto, el duelo. Pensemos en este fenómeno en función de las mujeres que en determinadas culturas se contratan específicamente como lamentadoras para gemir y llorar cuando alguien muere. Nosotros nos reímos de esto como si fuera una estrategia primitiva, pero ¿en realidad no estamos haciendo lo mismo nosotros? Piensen en el clásico ejemplo de las risas grabadas en esas típicas series de TV como Friends, Cheers, etc. Lo que pasa ahí es mucho más misterioso de lo que parece. Por ejemplo, yo vuelvo cansado como un crypto después de un extenso día de trabajo, prendo la TV, y miro una serie en la cual veo y escucho risas y no me río, simplemente miro. Pero al final me siento aliviado, como si yo mismo me hubiese estado riendo, literalmente: como si el televisor se riera por mí. 

 

De nuevo: es así como funciona la ideología. Uno no tiene que creer en ella. -Incluso- es mejor si uno no cree en ella. Esa ha sido una lección que yo mismo he aprendido en base a mi experiencia personal con el socialismo en Yugoslavia. De joven presencié una charla del Secretario General del Partido Comunista en Eslovenia. Él nos dijo a nosotros, los jóvenes comunistas: "ustedes tienen que seguir la cuarta tesis sobre Feuerbach, deben tener en cuenta los principios de Marx, y bueno, no sólo describir el mundo sino transformarlo. Todo buen comunista debe estudiar a Marx y bueno, actuar en función de los dos libros del Capital". Luego de la charla yo me acerqué y le dije que "¿cómo era posible que nadie le comentara que hablaba de la tesis numero 11, y que en realidad Marx escribió tres volúmenes del Capital?". El me dijo: "yo en realidad eso lo sé, pero justamente a eso iba". El punto esencial al que apuntaba, era transmitir a la gente que no importaba. 

 

Yo creo que la idea de la interpelación ideológica de Althusser a estas alturas se vuelve demasiado simple. Si es que la ideología ha de funcionar, no se la debe tomar demasiado directamente. Por ejemplo, ustedes no deberían identificarse totalmente con determinado concepto, noción religiosa, política o de otra índole. Ustedes tienen que decir: "bueno, yo no puedo reducirme a la encarnación de una ideología, yo soy una persona compleja con un montón de otros elementos y aristas, no se me puede reducir solamente a eso". Y yo creo que es a través de esa diferencia con respecto a la ideología, reconociendo que hay algo más en mí aparte de la ideología, es así que la ideología funciona. Yo creo que el más grande ejemplo en la historia de la Iglesia es San Agustín -si bien yo soy ateo, vengo de un país ateo como es Eslovenia-. San Agustín hizo dos cosas: él inventó el interior cristiano moderno, esa profundidad de estudio teológico y psicológico. Pero a la vez, él logró la transformación de la cristiandad, la conversión a la religión del estado, y yo creo que las dos operaciones son básicamente lo mismo. Mi mensaje para ustedes es que no se dejen engañar, que no tomen en serio a aquella gente que predica la moderación, que dice que no hay que tomar a las ideologías seriamente, porque esos son los verdaderos ideólogos.

 

Quizás ahora, después de esta digresión, quizás tal vez pueda volver al tema de la guerra. ¿Qué fue lo que pasó concretamente con la guerra contra el terrorismo después del 11 de septiembre? ¿Y que pasó precisamente a ese nivel de presuposiciones ideológicas? Está de moda decir que 1989, el año de la caída del socialismo, marcó el fin de las utopías. Yo en cambio creo lo contrario, que en realidad la última década marcó la explosión de una utopía, que en este caso fue la utopía liberal capitalista. Fukuyama lo dijo claramente, él hablo del fin de la historia, es decir, "que sabemos lo que tenemos que hacer" y esto es una utopía. Yo creo que el 11 de septiembre marcó justamente el fin de esa utopía. Si el gran símbolo de los años 89 y 90 fue la caída del muro de Berlín, el símbolo de estos últimos años -los más recientes- son estos nuevos muros que se están construyendo, unos literales como el que existe entre Israel y la franja occidental. Y por supuesto, todas esas paredes son muros burocráticos, administrativos y demás. De hecho, mi punto es que, lo que se está dando últimamente es un desplazamiento fundamental en el funcionamiento de la democracia. Cuestiones que hace diez años habrían sido impensables en el inconsciente ilustrado, hoy forman parte de la práctica cotidiana. Hablemos de la tortura por ejemplo. Hace diez, quince años, habría sido impensable en occidente discutir públicamente acerca de la tortura. Como ustedes tal vez sepan, desde el 11 de septiembre, la tortura es un tema público en EEUU, y no solamente de publicaciones marginales de la extrema derecha, sino en medios centrales como el Newsweek o el Times, donde abiertamente se discute de qué manera y en qué medida hay que torturar a los sospechosos del 11 de septiembre. Por ejemplo, hace dos años un columnista muy respetado de Newsweek, Jonathan Alther, escribió una nota que llevaba como título: "Es hora de pensar de nuevo la tortura", y de nuevo, es Newsweek, que es un órgano de prensa del centro, totalmente respetado y liberal. No es una revista de extrema derecha. Una breve cita de este autor:

 

"No pongo en duda que la tortura es contrario a los valores norteamericanos, pero aunque nos sigamos proclamando públicamente contra los abusos de los derechos humanos en todo el mundo, necesitamos tener un espíritu abierto y una actitud abierta antes de tomar las medidas necesarias para combatir el terrorismo, como la de los interrogatorios psicológicos permitidos por (...) y tenemos que pensar también en transferir algunos sospechosos a nuestros aliados menos delicados, por más que tal vez esto resulte hipócrita, nadie dijo que esto fuera ser fácil o divertido."

 

Para mi lo problemático de esta cita no es que esté haciendo una apología de la tortura, sino las razones que aduce para ello. Lo espantoso que se está dando aquí no es el hecho de la tortura -que se sabe que sucede en secreto- sino lo horroroso es que hemos llegado a un estado donde se puede hablar en público y tranquilamente sobre la tortura. Preferiría que este autor fuera pro-tortura, ya que sería más fácil de contra-argumentar. Pues por más que él se plantee formalmente como contrario, legitima la división en torno a la tortura. Se habrán dado cuenta cuál es su solución: terciarizar a la tortura. Creo que este es el punto crucial en torno a la guerra de Irak, en la medida en que han surgido sustitutos, nuevas reglas en las relaciones internacionales en lo que hace a derechos humanos, y esta es la razón por la cual no deberíamos luchar por las batallas incorrectas, las falsas batallas. Los EEUU nos dice que Hussein era un criminal. No hay que defender a Hussein. Por el contrario, yo incluso creo que era peor de como lo pintaron los norteamericanos. Acá es significativo que los EEUU, cuando enumeran los supuestos crímenes de Hussein, se olvidan de los crímenes más tremendos. Sin duda alguna, el crimen más espantoso que cometió Hussein fue su ataque contra Irán y de eso nunca se habla. Porque EEUU lo apoyó en su momento. Y aquí quiero considerar una referencia a Lacan. Ustedes recordaran que Lacan decía que si tenemos un marido celoso, aún que tenga razón con sus celos, porque efectivamente su mujer se está acostando con todo el mundo, sus celos son patológicos. Y lo crucial en este punto no es saber porqué la señora se acuesta con medio mundo, sino porqué este señor tiene que sostener toda su estructura psíquica alrededor de estos celos tan tremendos. 

 

Lo mismo pasa, por ejemplo, con el antisemitismo. Es totalmente equivocado discutir con un antisemita diciéndole: "estas equivocado, los judíos no son como tú dices". Tomemos a Alemania en 1937, cuando los Nazis en su época decían que los judíos estaban seduciendo a las chicas alemanas; bueno, tal vez en cierta manera fuera así, probablemente hubiera algunos judíos que seducían algunas chicas alemanas. Lo mismo cuando acusaban a los judíos de estar explotando a las trabajadoras alemanas; probablemente en algunos casos se daba esto. Pero este era un falso debate porque el antisemitismo... La pregunta central no es que el antisemitismo reproche cosas a los judíos que en realidad no son, sino que, lo que hay que preguntarse es: ¿por qué la ideología nazi necesitaba elegir, buscar en el judío la figura del enemigo para sostener su estructura ideológica? Y lo mismo sucede en la guerra con Irak, la pregunta no es en qué medida Saddam es la encarnación del mal, sino por qué los EEUU tuvieron que construirlo como la figura del enemigo, esa es la pregunta central.

 

Pero incluso en un nivel más elemental se está dando un desplazamiento ideológico mucho más fundamental. Permítanme comenzar con un fenómeno aparentemente trivial. Ustedes habrán notado que en el mercado hay cada vez más productos que están privados de su contenido dañino, o nocivo: café sin cafeína, crema sin contenido graso, cerveza sin alcohol, etc. Esto no se limita a las mercancías, por ejemplo el sexo virtual, ¿qué es el sexo virtual sino el sexo sin sexo? ¿Y qué otra cosa es sino ésta el planteamiento de Collin Powell, que hablaba de una guerra de daños colaterales? Es como café descafeinado o guerra sin guerra, ¿en qué reside el cambio en este marco? En la ética más tradicional teníamos que gozar de las cosas pero equilibradamente, con moderación. Hoy nos encontramos con una suerte de extraña coincidencia de opuestos, porque realmente no es posible ejercer la moderación si todo está evitado de su potencial dañino. Por ejemplo, ya no se trata de tomar café moderadamente, porque como esta descafeinado uno puede tomar todo el café que quiera. En Los Ángeles tuve un problema en donde tuve que comprar laxantes. Me dieron un producto genial: era chocolate laxante. Así que si estás más constipado, come más chocolate..... creo que esta es la mejor metáfora de hacia donde estamos marchando hoy en día. 

 

A mi me parece erróneo calificar a la sociedad contemporánea como "sociedad de consumo", en primer lugar por la obvia razón de que hay una sociedad de consumo, pero sólo para el 10 % privilegiado. Lo mismo vale para todas estas teorías que hablan de la desaparición del trabajo manual etc., en la sociedad posindustrial, porque el trabajo manual está desapareciendo de los países occidentales, pero se está trasladando a Indonesia, China, etc. Y esta es la manera en que leo las películas de James Bond. ¿Se han dado cuenta de que las películas de James Bond son películas en donde se ven intensos procesos de producción, de trabajo físico manual?, cuando ocurre esto, bueno, cuando James Bond llega al territorio de los malvados y logra entrar al lugar donde se procesan drogas, armas, la misión de James Bond es, por supuesto, destruir este lugar. Tal vez James Bond no sea un agente inglés, sino un agente de aquellos sociólogos que promulgan que está desapareciendo el trabajo. El otro punto es que cada vez nos da más miedo acceder al verdadero consumo abierto. Este sería el de las drogas, la cocaína, el alcohol. Esta es la razón por la cual en los países occidentales la marihuana es tan popular. Es una especie de agencia de peinados, con opio o sin opio uno puede consumirla sanamente.

 

Pero es mucho más interesante descubrir dónde, en qué lugar de la estructura ideológica encontramos esta misma estructura del chocolate laxante. Por ejemplo, la cuestión de la tolerancia multicultural. Yo planteo que la manera en la que funciona esta tolerancia es precisamente un signo de lo opuesto, de la intolerancia. Nos referimos a tolerancia cuando decimos que el otro sea, pero que no haya acoso. La ideología es que el otro no se acerque demasiado. Sea lo que uno haga, es una forma de acoso: si te miro demasiado fijo, te estoy violando; si me pongo a fumar, te estoy envenenando; y si te grito, es un acoso verbal. Entonces la tolerancia significa quédate lo más lejos posible, porque no tolero tu cercanía. Para mi los multimillonarios como George Soros son una especie de encarnación del chocolate laxante. Media parte del día se la pasa ganando dinero sin ninguna clemencia y destruyendo la vida de personas, y la otra parte del día se dedica a devolverle a esa misma gente lo que le sacó. ¿Acaso lo mismo no se aplica para las guerras? Tengamos en cuenta que todas las últimas guerras fueron retratadas como intervenciones pacifistas. Hoy en día las guerras sólo se llevan a cabo para asegurar la paz, es como el chocolate laxante: quieren más paz, hagan la guerra. Creo que Ulrich Beck tuvo razón al acuñar un nuevo término como el de utilitarismo humanista pacifista. Y en este sentido coincido con Giorgio Agamben cuando plantea que la lógica contemporánea de los campos de concentración hubiera tenido dos niveles: por un lado Guantánamo, aislar al enemigo; y por el otro, la ayuda humanitaria. En la antigüedad es incluso más radical. 

 

Tenemos una situación aparentemente contradictoria. Por un lado tenemos una maquinaria estatal que cada vez nos controla con mayor alcance de lo que Michel Foucault llamaba la biopolítica. Por otro lado tenemos lo opuesto: esta insistencia realmente narcisista en torno a los derechos humanos, del acoso que ha tenido lugar. Pero se trata de dos caras de la misma moneda, y de manera incluso mucho más radical. Es aquí donde radica el problema la democracia. Hay un nuevo estereotipo sociológico que plantea que vivimos en una sociedad con opciones excesivas, pero yo creo que esta apariencia de posibilidades excesivas, esta plétora de posibilidades, cubre el hecho de que cada vez tenemos menos posibilidad de elección.

 

Así que para aclarar este punto, permítanme concluir con una anécdota de uno de mis libros. Tenemos una escena familiar: el papá le dice al hijo que vaya a visitar a su abuela. Si tienen al padre típico autoritario les va a decir: "bueno, no me importa si quieres ir o no, pórtate bien y anda, ¡ve a visitar a tu abuela y compórtate!". Pero tienen suerte si esta es la situación en la que están, porque si tienen un padre posmoderno les va a decir algo distinto, les va a decir: "Puedes ir o no, pero tú sabes cuánto te quiere tu abuela, ¡no solamente quiero que la visites, sino que tengas ganas!". Todo niño, todo hijo que no sea un idiota sabe lo que esto significa. Dentro de esta aparente posibilidad de elección, de hacer lo que uno quiere, subyace una orden, un mandato oculto. Este mandato no es sólo que tienes que ir a visitar a tu abuela, sino que te tiene que encantar ir. Yo creo que es así como funciona hoy en día muchas veces la libertad de acción. En realidad, en esta aparente libertad de elección se está diciendo cuál es la decisión que se tienen que tomar, pero además, se tiene que actuar como si fuera una elección propia. Por ejemplo, es muy común, se ha puesto de moda decir que estamos ingresando en una nueva era posindustrial en la que ya no va a existir esto del empleo a largo plazo y estable, sino que vamos a tener que ir adaptándonos y reconvirtiéndonos: tenemos que ir actuando de tal modo que vayamos delineando nuestro trayecto de manera cambiante a lo largo de la vida. Yo creo que este es el ejemplo más duro de la ideología, esta situación en realidad traumática de no poder contar con un empleo estable se presenta ahora como una nueva libertad, como una nueva posibilidad de estarse reinventando, convirtiéndose en un sujeto nómade. Y yo creo que esto es lo que dificulta el análisis político hoy en día, que nuevas formas de no-libertad, de falta de libertad se presentan como nueva libertades. Por eso yo creo que esta situación en realidad refleja un estado de cosas en el que ya no podemos limitarnos a confiar solamente en conceptos antiguos. Yo aquí diría que la izquierda todavía no ha sabido reflejar estos cambios. 

 

Piensen en lo extraño de la situación actual, hace 30 o 40 años se discutía como iba a ser el futuro, si comunista, socialista. Hoy ya nadie discute de estas cuestiones, todos aceptamos que el capitalismo está aquí para quedarse, pero por otro lado, estamos preocupadisimos por catástrofes, cataclismos cómicos, por ejemplo, algún nuevo virus o un nuevo asteroide que termine destruyendo la tierra. La paradoja es que es más fácil imaginarse el fin de toda la vida en la tierra, que algo que es a menor escala, el fin del capitalismo. Nosotros siempre deberíamos reinventar la utopía, ¿pero en qué sentido?, hay dos significados falsos: Uno es este antiguo consejo de imaginarse una sociedad plural que sabemos que nunca se va a concretar, y la otra utopía es esta utopía del capitalismo en la cual uno sigue encontrándose con nuevos deseos perversos que no solamente quiere realizar, sino que lo obligan a uno a realizar. Por ejemplo, y esto que les voy a contar ahora no es un chiste, sino que es cierto, en unas pequeñas comunidades norteamericanas bastante radicalizadas hablan del la siguiente opción: hablan de que la gente que adopta a la necrofilia en realidad está sufriendo una desventaja en la sociedad, que quizás habría que encontrar la forma de suministrarles los cuerpos. Imagínense, se ve como algo posible hacer el amor al cadáver, pero por otra parte, ustedes serían utópicos si creyeran en la posibilidad de controlar las fluctuaciones monetarias internacionales. Yo creo que a diferencia de este tipo de utopía, la verdadera utopía no es algo que uno se imagina, un sueño, sino que es algo que en realidad surge de un impulso, de una necesidad pura y auténtica de sobrevivir, una necesidad de supervivencia cuando uno se encuentra en una situación en la que ya no es posible una salida dentro de las coordenadas de lo habitual. Entonces, nuevamente destaco que la utopía es algo que uno se ve obligado a imaginar, que uno se ve forzado a imaginarla y no es algo que surja libremente de una fantasía, sino que es un imperativo de una urgencia de una situación. 

 

Quiero agradecer que me hayan escuchado...

 Fuente: http://es.geocities.com/zizekencastellano/

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1 comentario

Jass -

Seria poco decir que tiene razon, en cuanto a que todo, no es lo que parece, tiene razon en cuanto a que la supuesta libertad esta de tal forma administrada, que eres libre, pero no de tomar varias opciones sino, de una o dos.
Con respecto a la guerra y en especial de Bush, recuerdo una charla en la feria del libro del mes pasado, en la cual un profesor opinaba acerca de la ideologia que bush, que demuestra y tiene.

Si bien es cierto, como representante de un pais tiene el deber de seguir ciertos patrones ideologicos, tenemos por otro lado, (mito o verdad), que el pertenece a un grupo iniciatico, religioso, en el cual tienen la concepcion de que la tierra de dios, es el medio oriente, de lo contrario fijarse en los discursos, en los cuales siempre alude al tema divino de su deber de crear orden y paz, no refiriendose como una tarea sino como una gran cruzada por la paz y los derechos humanos, entonces que creer?...
De todas formas muy bien analizado el tema y los ejemplos, excelentes.
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